La picaresca, de Tormes a Colmenar: viejos trucos, nuevas caras

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DINIA

Ya les vale
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Ya lo decía Lázaro de Tormes allá por el siglo XVI: “cuántos hay que huyen de otros por no verse a sí mismos”.
La picaresca española no nació ayer. Viene de lejos. Del hambre, de la necesidad… pero también del oportunismo y la trampa elegante.

ART BIOGAS 09 LTORMES

En el siglo XXI, ya no se roba el pan: se negocian macroplantas, se juega con los contratos, se esconden decisiones tras la excusa de que “todo está en estudio”.

Como el ciego que explotaba al Lazarillo mientras fingía enseñarle el mundo, algunos políticos nos dan discursos de sostenibilidad mientras permiten que se instale a escasos metros del pueblo una planta que huele —literal y figuradamente— a negocio pactado desde antes.

La diferencia entre la picaresca de entonces y la de ahora es que ahora tenemos papeleras de reciclaje, sí... pero también censura, propaganda, y una ciudadanía que debe andar con mil ojos para no comerse las sobras del banquete de otros.

Lázaro aprendió a vivir sirviendo a los poderosos, pero nunca dejó de observar. Hoy, en Colmenar y en Tres Cantos, la ciudadanía también observa, protesta, escribe, se organiza. Porque aunque nos vendan la biogás como oro verde, sabemos que el pastel ya estaba cortado antes de preguntar si queríamos un trozo.

Y como en la vieja novela, nos queda el ingenio, la voz, y el derecho a decir basta. Que no nos traten como pícaros… ni como tontos.