El Ayuntamiento ha anunciado, con orgullo, la llegada de la Summer Break, una fiesta para jóvenes en el Recinto Ferial con DJs, foodtrucks y efectos especiales. Será el 14 de junio, desde las 21:00 hasta la madrugada.
La idea: celebrar el fin de los exámenes, el inicio del verano, y presumir de “pensar en los jóvenes”.
Una noche. Una.
Pero hablemos claro:
¿Una fiesta al año soluciona el abandono estructural que viven los jóvenes en Colmenar Viejo?
No.
Ni de lejos.
Porque durante los otros 364 días del año, nuestros jóvenes tienen:
- Una biblioteca saturada, donde no caben más desde las 9 de la mañana, y donde se ha habilitado un sótano que parece más una ratonera que un espacio de estudio:
Sin enchufes. Sin ventilación adecuada. Sin salidas de emergencia.
Si pasa algo, ni DJ Samy Asuik podría sacarlos de allí. - Cero espacios culturales juveniles reales. Ni cine, ni salas de ensayo, ni centros con vida. Solo parques. Y en los parques... bancos. Y ruido. Y quejas.
- Un ocio limitado al centro comercial, donde lo más emocionante que pueden hacer es pasear en bucle entre tiendas cerradas y ver si alguien conocido aparece.
- Atascos eternos para ir a Madrid a estudiar o divertirse, porque aquí, Colmenar, el del "gran crecimiento", sigue con un Cercanías en precario y sin alternativas nocturnas reales.
Y ahora, para maquillar el abandono, se monta una fiesta.
Una noche.
Con barra, luces y DJs hasta las cinco de la mañana.
Y al día siguiente, todo vuelve a lo de siempre:
sin pediatras, sin cultura, sin visión.
¿Y qué ocurre mientras tanto?
Que los chicos se organizan como pueden. Van a estudiar donde caben, hacen ruido donde se les deja, buscan su espacio porque nadie se lo ha dado.
Y luego, cuando lo encuentran, vienen las quejas por el botellón, los ruidos, los restos en los bancos…
Pero ¿qué esperaban? Si no hay alternativa, hay improvisación.
Los jóvenes no necesitan solo una fiesta. Necesitan un proyecto.
Necesitan que el Ayuntamiento les vea más allá de una noche de fotos para Instagram.
Necesitan que se invierta en ellos con la misma pasión con la que se monta un escenario con humo y luces.
Y no se trata de estar en contra de la Summer Break. ¡Ojalá la disfruten! ¡Ojalá se lo pasen bien!
Pero que no nos vendan humo de colores cuando la realidad huele a olvido.
Queremos ver a esos mismos jóvenes en bibliotecas bien equipadas, en espacios seguros, en propuestas que duren más que un amanecer de domingo.
Y entonces sí, entonces que suene la música.
Pero que suene todo el año.
