«El que pueda hablar, que hable. El que pueda hacer, que haga. El que pueda aportar, que aporte. El que se pueda mover, que se mueva».
Estas palabras las pronunció José María Aznar hace apenas unos meses, y hoy suenan como un eco inquietante en medio del ruido. No se trata de idolatrar ni atacar a quien las dijo, sino de observar con frialdad el panorama de un país que, en pleno 2025, parece caminar al borde de algo que no acabamos de entender.
Cabe recordar que esa frase fue lanzada en noviembre de 2023, justo tras el pacto del Gobierno con los independentistas catalanes para lograr la investidura de Pedro Sánchez. Una frase con mensaje claro: movilizar a quienes estén en contra del rumbo que estaba tomando España. Una llamada al choque. Pero hoy, esa misma frase puede tomar un sentido distinto: el de una advertencia de que algo se está rompiendo, de que hay que hablar, pero con claridad y sin fanatismo.
En pocos días han sucedido cosas que, por separado, podrían pasar como anécdotas. Pero juntas forman una cadena tan tensa como peligrosa:
- Una investigación contra Begoña Gómez, esposa del presidente, sin pruebas claras, iniciada por un sindicato que ya ha protagonizado otras denuncias mediáticas.
• Comisiones en el Senado y el Congreso que se pisan los talones, convertidas en escenarios de teatro político donde la verdad parece importar poco. Desfilan testigos que no recuerdan, que no saben, que no estaban, o que simplemente callan. Parece una obra de Samuel Beckett, pero sin el talento.
• Un apagón en Red Eléctrica Nacional que dejó sin servicio durante horas y abrió la puerta a teorías de sabotaje.
• Un ataque en varias fincas de viñedo en El Cono de Cabra, con cepas arrancadas y daños irreparables que nadie sabe explicar.
• Y hoy mismo, el robo de cable de cobre en la línea del AVE que ha dejado más de 10.000 viajeros tirados. El valor de lo robado no llega a mil euros. El daño causado, incalculable. El ministro habla de sabotaje. Y tiene sentido.

Algo está pasando. Algo que va más allá de la bronca parlamentaria o los titulares rápidos. Alguien, o varios "alguienes", están jugando con fuego. Y lo están haciendo dentro de las instituciones, desde las sombras o quizá desde fuera.
Por eso aquella frase cobra un nuevo sentido. Quizá no porque quien la dijo sea un visionario, sino porque el momento la ha convertido en una consigna involuntaria.
El que pueda hablar, que hable.
Porque el silencio hoy, en España, ya no es neutral. Es sospechoso.
Y porque, como siempre, lo que no se defiende, se pierde.
