Entre 6 y 7 aparatos telefónicos se instalaban cada año en la primera década de su llegada, Colmenar Viejo 1935

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Diario
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A Juan José Francisco Tato por su  interés en los temas de su pueblo.
El teléfono en Colmenar Viejo se inauguró el día de Nochebuena del año 1925, posiblemente la decisión vino determinada por una demanda municipal, y por la previsión de negocio de la suministradora, que era la empresa nacional Telefónica, aunque no pública, pues se trataba de una concesión que realizó Primo de Rivera con el objeto de expandir la comunicación telefónica en España. 

Se había creado en 19 de abril de 1924, por lo que al llegar a Colmenar Viejo aún no había cumplido dos años de su creación. Su promotora fue la sociedad anónima International Telephone and Telegraph Corporation (ITT) de Nueva York con un capital social de un millón de pesetas y 2.000 acciones, poco después salía a Bolsa con 200.000 acciones preferentes, a 500 pesetas cada una. Y no fue hasta 1945 cuando Franco nacionalizó la mayor parte de la sociedad, el 79% lo que forzó la salida del capital americano, para posteriormente entrar capital español procedente de los bancos, pero para entonces Colmenar, o al menos un número no muy amplio de sus vecinos gozaban de teléfono en sus casas.

La razón de que su instalación, y por consiguiente su utilización, en los primeros años fuera muy selectiva, la podemos encontrar en sus costes, tanto de instalación como por el servicio, pues la sociedad promotora estableció, para poblaciones de menos de cien abonados (que era el caso de Colmenar, porque como no se había inaugurado, difícilmente podía tener ese número de abonado), un precio para particulares con dos abonados por línea,  de 8 pesetas. Abono mensual para comerciantes o industriales con dos abonados por línea, 10 pesetas. Abono para particular con línea individual, 10 pesetas. Abono mensual para industrial o comerciante individual, 15 pesetas.

A los abonados se les exigirá una fianza de 75 pesetas en garantía del pago de las sumas debidas a la Compañía y la devolución, cuando se dieran de baja,  de los aparatos telefónicos en buen estado.

El plazo mínimo de los contratos sería de seis meses prorrogables después por trimestres naturales completos. El pago de los recibos de abono era por trimestres.

La instalación de líneas y aparatos era por cuenta de la Compañía, siempre que el abonado estuviera dentro del radio de dos kilómetros desde la central, el exceso de distancia,  sería por cuenta del abonado.

El espacio urbano colmenareño que más abonados tenía en el año 1935, era la calle de La Libertad, ahora calle del Real, pues no olvidemos que eran tiempos de República, con 9 abonados, la mayoría de ellos comerciantes e industriales, pero también dos ganaderos de reses bravas, un farmacéutico y la Cárcel del Partido situada donde actualmente está el parque Santiago Esteban Junker.

Los teléfonos más alejados de la centralita telefónica eran el de la Plaza de Toros y el del hotel del platero  Agustín Meneses Huerta, que era el actual edificio del Gran Hostal- El Chiscón, denominándose la calle como Corredera.

En la Plaza del Ayuntamiento, denominada entonces como Plaza de la Constitución, tenía seis abonados, entre los que estaba el Ayuntamiento, el Banco Español de Crédito, que estaba donde después se situó el conocido Bar Ramón y ahora una agencia inmobiliaria, y también los ganaderos Julián Fernández Martínez y Félix  Gómez Ugalde. 

En la Carretera de Hoyo había cuatro abonados que correspondían:  a la  sociedad anónima Harinera de Colmenar Viejo, siendo el lugar más conocido con la  Fábrica de Harina, que ocupaba el amplio espacio donde ahora existen un  gran número de viviendas, que desde su construcción en los años 80 del siglo XX son conocidas como las casas de El Cristo del Perdón, por ser este el nombre que se dio a la cooperativa que las promocionó;  al médico José Garizábal Flores, que vivía en el llamado Hotel de Garizabál, que después fue el Colegio Santa María, estando en la actualidad cerrado y desocupado, y  al ingeniero de la Sociedad Hidráulica Santillana, Pablo Grau Vidal, que habitaba en el llamado Hotel de Grau.

Puede que el industrial Lorenzo Pérez Sieteiglesias fuese el primer colmenareño que solicitase ser abonado para su empresa de autobuses de línea a Madrid, que salían del Café de Las Columnas en la Plaza de Luis Gutiérrez número 2, y aunque no lo podamos asegurar con certeza, la lógica nos lleva a ello,  porque tenía asignado el número 1.

El por qué no se asignó la sociedad telefónica promotora  ese primer número, también queda en el fondo de la duda, pues lo cierto es que cogió el  más altos de aquellos años, el 74, y no sabemos la causa.  ¿Marcaba este número un hito o un objetivo?

El domicilio social de la llamada Compañía Telefónica Nacional de España estaba en la calle Prim nº 2, aunque tenía ventanas a la Plaza, años después, este edificio se desdobló teniendo entrada por las dos fachadas, ya que en la planta baja, con entrada por la Plaza, se instaló el Instituto Nacional de Previsión mientras que en la planta superior había viviendas de vecinos, y ya en los años ochenta del siglo XX, ser anexionado en su totalidad al edificio del Ayuntamiento. En este edificio, cuando estaba la Central de Teléfonos,  se produjo un acto heroico, concretamente en 1937. Fue la noche del 21 de julio, a las 10 de la noche, cuando varios aviones alemanes, que se habían unido a las tropas rebeldes de Franco, surcaron los cielos estrellados de la población con sus cargas de bombas incendiarias y mortíferas,   lanzándolas sobres los edificios del caserío y los vecinos, que sentados en sus puertas demandaban un poco frescor en aquellos días cálidos del verano. Según publicaba varios periódicos del día siguiente, el número de muertos pasó de los 50, mientras que los heridos fueron más de cien, además de ser destruidos varios edificios.  

Mientras A.B.C. del día 24 de julio, informaba que el General Miaja premiaba a  dos telefonistas por su acción tras el bombardeo que sufrió  Colmenar Viejo. Los dos telefonistas fueron reconocidos por su heroicidad y premiados por las autoridades militares, sus nombres eran Felipe Vaquero Pinedo y Miguel Carpintero de la Huerga, sobresaliendo en su acción por que tras ser incendiada la casa donde estaba la central telefónica, siguieron con gran riesgo de su vida prestando el servicio telefónico, avisando, antes de que se cortaran las comunicaciones al servicio de incendios de Madrid y al Estado Mayor del Ejército de los sucedido, además de poner a salvo todo el material telefónico y la centralita, para el día siguiente instalarla en un nuevo edificio que dejaron perfectamente funcionando, y también, tras salvar el material,  haber  colaborado activamente en el socorro de los vecinos afectados. Además de los honores militares para los que se les propuso, les otorgaron un premio en metálico de mil pesetas para cada uno, las cuales fueron donadas de manera inmediata al Socorro Rojo Internacional. 

La noticia que causó gran estupor en todos los lugares de España,  traspasó las fronteras, cómo podemos observar en la foto,  emitiéndose la noticia a todo el país vecino a través  de un comunicado de una la agencia de Paris.

Art Telefono 1

Art Telefono 2