Torcuato y Suárez: el arquitecto, el piloto y la Constitución que pudo ser

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Diario
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Cada 6 de diciembre aparece la misma escena: banderitas, discursos, palabras repetidas… y la Constitución del 78 convertida casi en un objeto sagrado. Pero pocas veces se cuenta la historia completa. Casi siempre se señala a un nombre: Adolfo Suárez. Y, desde luego, Suárez fue esencial. Pero detrás de él hubo otra figura —más discreta, más técnica, más decisiva— que rara vez aparece: Torcuato Fernández-Miranda.

El hombre que diseñó el camino

Torcuato fue el arquitecto silencioso. Un jurista brillante capaz de desmontar el franquismo desde dentro sin un solo disparo. Su estrategia quedó resumida en una frase que ya es historia:

“De la ley a la ley, pasando por la ley.”

Él redactó la Ley para la Reforma Política.
Él preparó al Rey para un rol moderno.
Él movió los hilos para que Suárez fuese Presidente.
Él abrió la puerta a las primeras elecciones libres.

Sin Torcuato, la Transición no habría tenido ni plano, ni estructura, ni cimientos.

Suárez: el ejecutor valiente

Suárez aportó lo que hacía falta: coraje, presencia, capacidad de convencer al país.
Torcuato pensaba.
Suárez ejecutaba.

Una combinación perfecta de sombra y luz, cerebro y acción.

Cuando empezó a escribirse la Constitución… faltaba alguien

Aquí está el giro que marca lo que vino después:

Cuando se redacta la Constitución del 78:

  • ya se habían celebrado las elecciones,
  • ya estaban los partidos en sus escaños,
  • Torcuato había sido apartado del centro político.

Fue senador designado por el Rey, sí, pero sin papel real.
No participó en la Comisión Constitucional.
No tuvo voz en los artículos.
No estuvo en las discusiones importantes.

Y eso se nota en el resultado.

Un recordatorio incómodo sobre cómo se redactó la Constitución

Conviene recordarlo, aunque a veces se pase por alto: la Constitución del 78 no nació de un debate abierto en el Parlamento. Fueron siete personas, elegidas por los partidos, quienes redactaron el texto en reuniones discretas, muchas de ellas fuera del Congreso y sin actas completas. Un trabajo realizado más en despachos privados que en el hemiciclo, con acuerdos cerrados y la influencia de figuras como Fraga Iribarne, que garantizó que ciertos elementos del antiguo régimen permanecieran en el nuevo marco democrático. Por eso el resultado fue una Constitución práctica para la época, sí, pero construida “hacia dentro”, sin la transparencia ni la participación plena que muchos creen que tuvo.

Una Constitución útil… pero con carencias

La Constitución permitió salir del franquismo sin violencia, pero quedó llena de artículos que dicen “se regulará por ley”, dejando en manos del gobierno de turno la concreción de muchos derechos.
La separación de poderes quedó débil.
La justicia depende del Parlamento.
Y la ciudadanía, muchas veces, queda sin protección suficiente.

Una Constitución práctica, sí.
Pero no la obra sólida que un jurista como Torcuato habría sido capaz de diseñar si hubiera estado en aquella mesa.

A las pruebas, nos remitimos.

Una nota fina sobre el Rey

La reciente película de RTVE lo muestra con suavidad, pero con claridad: un Rey atrapado entre presiones militares, sin iniciativa real, que avanza gracias al criterio y la firmeza de Torcuato. Visto con la perspectiva del tiempo, cuesta no preguntarse quién llevaba realmente el timón en aquellos días decisivos.

El olvido injusto

Y quizá lo más llamativo: España recuerda poco a quien más hizo.

Hoy solo existen:

  • una placa en la fachada donde vivió,
  • una plaza con su nombre en Madrid,
  • y un salón cultural que lo homenajea.

Nada más.
Ni grandes monumentos.
Ni bibliotecas nacionales.
Ni avenidas.
Ni aeropuertos.

Mientras otros nombres —algunos con menos mérito— ocupan prólogos, calles enteras y homenajes oficiales, Torcuato continúa casi invisible.

La realidad es simple:
Torcuato Fernández-Miranda fue de los hombres más importantes de la Transición… y uno de los más olvidados.

El arquitecto y el piloto

Torcuato diseñó el plano.
Suárez recorrió el camino.

Y España, por una vez, logró entrar en democracia sin sangre y sin repetir sus tragedias.

La Constitución que tenemos pudo ser distinta:
más fuerte, más clara, más justa.
Pero cuando llegó el momento de escribirla, el mejor ya no estaba sentado a la mesa.