Este fin de semana el Ayuntamiento de Colmenar Viejo ha decidido tirar la casa por la ventana para celebrar que ya somos 60.000 habitantes. Y lo va a hacer con fuegos artificiales de colores: trenecitos, hinchables, pasacalles, y hasta Pocoyó nos visita.
Todo un “Family Weekend” lleno de actividades infantiles, conciertos, foodtrucks y alegría desbordante. Una fiesta para que olvidemos —aunque sea por un rato— que Colmenar Viejo se ha convertido en un pueblo de primera… con servicios de tercera.
Porque sí, es cierto, somos ya más de 60.000 vecinos censados, pero también seguimos con:
- Urgencias cerradas desde hace años.
- Sin pediatra por las tardes en el centro de salud.
- Citas médicas que tardan hasta dos semanas.
- Contenedores rotos o saturados.
- Calles llenas de baches o mal asfaltadas.
- Rotondas eternamente en obras, y una M-607 que cada lunes es un infierno.
- Y por si fuera poco: un quinto vaso en el vertedero, y una macroplanta de biogás del tamaño de 10 estadios de fútbol que se proyecta a solo 2 km del casco urbano.
Así que sí… celebremos. Celebremos con nuestros hijos, mientras se los dejamos a los abuelos, porque en Colmenar no hay dónde llevarlos si se ponen malos un viernes por la tarde.
Celebremos que este crecimiento demográfico no ha venido acompañado de inversiones públicas reales, ni en salud, ni en infraestructuras, ni en sostenibilidad.
Celebremos que tenemos derecho a una fiesta…
… aunque los derechos básicos sigan esperando turno en la ventanilla.
Y celebremos también —cómo no— esa palabra tan repetida como vacía que nos siguen vendiendo desde la Puerta del Sol:
Libertad. Carajooo.
Porque en Colmenar, últimamente, la libertad es poder quejarse de todo esto… mientras bailas con Pocoyó.
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