Qué casualidad... ¿no? Justo hoy, 23 de abril de 2025, comienzan las esperadas (y eternamente prometidas) obras del tercer carril en la M-607 entre Colmenar Viejo y Tres Cantos. Y, oh, sorpresa: tendrán una duración de 24 meses. Ni uno más, ni uno menos.
Redondito como una rotonda recién asfaltada. ¿Y sabes qué pasa justo cuando se cumplen esos dos años? Pues eso: elecciones municipales y autonómicas.
Mira tú qué precisión, qué calendario tan quirúrgico. ¿Será que los ingenieros tienen también máster en ciencias políticas? ¿O que los plazos se calculan con la misma regla mágica que usan para decidir cuándo inaugurar una rotonda o plantar flores en primavera electoral?
Promesas, máquinas y votos
Durante años, los vecinos de Colmenar y alrededores hemos escuchado hablar del tercer carril como quien habla de una leyenda urbana: “Dicen que un día pondrán otro carril y no habrá más atascos”. Algunos incluso lo han soñado. Otros pensaban que era más probable ver pasar un OVNI por la glorieta del McDonald’s que ver comenzar las obras.
Pero ahora, con las elecciones del 2027 en el horizonte, la maquinaria se pone en marcha. Literalmente. Excavadoras, cascos amarillos, fotos con chaleco, declaraciones solemnes… Y mientras tanto, los ciudadanos, que ya no somos tan inocentes, pensamos: “Ah, vale… ya estamos en modo campaña larga”.
¿Coincidencia o maniobra?
Claro, todo esto podría ser casualidad. Como cuando tu cuñado aparece siempre que hay barbacoa. Pero a estas alturas, y conociendo el percal, la coincidencia suena a maniobra con luces de emergencia.
No sería la primera vez que un gobierno —de cualquier color, que aquí no se salva nadie— acelera una obra o una inauguración para que “cuadre con las elecciones”. Y claro, en año electoral, hasta un paso de cebra parece un milagro urbano.
Pero no somos tontos
Los ciudadanos ya estamos hartos de que nos traten como si no nos diéramos cuenta. Llevamos años tragando humo (literalmente, en la M-607 a las 8 de la mañana), y cuando por fin empiezan las obras, nos lo venden como un favor divino.
No, señores. No es un regalo. Es su trabajo. Y llega tarde. Muy tarde. Y justo a tiempo para intentar pescar votos entre conos y carteles luminosos.
Así que, cuando veamos el primer cartel de “Obra finalizada gracias a…”, recordemos quién lo prometió, cuándo, y sobre todo, por qué justo ahora.
Y si para entonces seguimos atascados, que al menos no nos vendan humo con olor a alquitrán fresco. Porque una carretera no borra un atasco de años, ni una obra tapa una promesa rota.
¡Nos vemos en las urnas... y en la retención del kilómetro 23!
