El Gran Silencio: Mientras se habla de Koldo, ¿qué pasa con los 30.000 millones que pagamos por la Sareb?

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Mientras los medios y la oposición se rasgan las vestiduras con el llamado “caso Koldo” —una presunta trama relacionada con comisiones durante la pandemia que afecta a algunas personas del entorno del PSOE—, los titulares, tertulianos y políticos vuelven a hacer lo que mejor se les da: tapar con ruido lo realmente grave.

Sí, claro que el caso Koldo se debe investigar a fondo y, si hay culpables, que paguen. Pero, además de que aún no hay condenas, el importe total no supera (según lo publicado) los cinco millones de euros. Una cifra que apenas sería el 1% de lo que algunos calculan como "mordidas" en casos mucho mayores.

Y, mientras tanto, silencio total sobre esto:

Nos prometieron "coste cero" y ya vamos por 30.000 millones

¿Recuerdas la Sareb, conocida como el “banco malo” español? Se creó en 2012, tras el rescate bancario de la crisis de 2008. Bajo el gobierno de Mariano Rajoy (PP), este "vehículo" asumió activos tóxicos de bancos rescatados (como Bankia o CatalunyaCaixa) por valor de unos 50.781 millones de euros, financiados con deuda avalada por el Estado. El objetivo oficial era sanear el sistema bancario y que, con el tiempo, se recuperara la inversión.

Se dijo que se constituiría con un 55% de capital privado y un 45% público (FROB), y que su vida útil sería de 15 años. Pero el mecanismo, sin una supervisión pública efectiva, ha resultado en miles de millones de pérdidas.

Las promesas oficiales vs. la dura realidad

Desde su anuncio, los dirigentes del PP insistieron en que la Sareb “no costaría ni un euro a los contribuyentes”. El entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, llegó a afirmar que no tendría costes y que incluso ofrecería una rentabilidad anual del 14-15%. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría también declaró lo mismo: "cero euros al contribuyente".

Sin embargo, los hechos revelan todo lo contrario. Desde sus inicios, la Sareb acumula pérdidas cuantiosas. Nueve años después de su creación, en 2021, su patrimonio neto era negativo en –7.511 millones de euros. El Estado tuvo que aportar además unos 2.192 millones adicionales para sostenerla, de modo que la pérdida total asumida por los contribuyentes ronda ya los 10.000 millones de euros.

Un resumen de la factura real

  • La Sareb asumió más de 50.000 millones de euros en activos tóxicos, todos con deuda pública garantizada.
  • Se prometió “coste cero” y una rentabilidad altísima.
  • El patrimonio neto en 2019 ya era negativo en 7.511 millones de euros.
  • Los contribuyentes hemos soportado unas pérdidas netas de casi 10.000 millones de euros.
  • La deuda pendiente en 2023 asciende a 29.400 millones de euros, avalada por el Tesoro.
  • Eurostat, la oficina de estadística europea, nos ha obligado a contar esta deuda como deuda pública (unos 35.000 millones de euros, ¡casi 3 puntos del PIB español!).

Además, en 2025, el Gobierno anunció el traspaso de 40.000 viviendas de Sareb a una nueva empresa pública de vivienda. Esto es bueno para la política de vivienda, pero se hace mediante una cesión gratuita: la Sareb no recibe dinero, lo que significa una pérdida de ingresos y más deuda futura asumida por el Estado.

¿Quién estuvo detrás del "banco malo"?

El principal impulsor fue el Gobierno del PP de Mariano Rajoy. El ministro Luis de Guindos lideró la operación (hoy es vicepresidente del Banco Central Europeo). Cristóbal Montoro (Hacienda) y Soraya Sáenz de Santamaría también participaron activamente. Aunque hoy ocupan puestos de privilegio, la enorme deuda y las pérdidas recaen sobre los ciudadanos. La Sareb, en su momento, fue gestionada de forma opaca, con valoraciones de activos infladas y costes financieros a menudo innecesarios.

Conclusión

Lo que se presentó como un "rescate" fue, para muchos, un saqueo institucionalizado. Un esquema con promesas vacías, beneficios que parecían privados y pérdidas que, al final, resultaron ser de todos los españoles. El caso del "Banco Malo" es un ejemplo claro de cómo decisiones políticas del pasado terminan cargando sobre la espalda de todos los ciudadanos el precio de favores y privilegios.

Mientras se desvía la atención con otros asuntos, es crucial que no olvidemos esta gigantesca factura que, en silencio, seguimos pagando. ¿No crees que es hora de que se hable de esto tanto como de cualquier otro caso?

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