Moción de Censura: ¿Puede ser alcalde un ciudadano?

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En medio del creciente descontento vecinal, los debates en redes y las dudas sobre decisiones que afectan a la salud y el futuro del municipio, muchos ciudadanos se hacen una pregunta lógica: 

¿Se puede cambiar al alcalde mediante una moción de censura? ¿Podemos proponer a alguien del pueblo, independiente, honesto, como nueva alternativa?

La respuesta legal es clara, aunque no siempre conocida: 

No.

Solo puede ser alcalde un concejal

Según la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) y la Ley de Bases del Régimen Local, una moción de censura solo es válida si:

- La presentan al menos la mitad más uno de los concejales.
- Se propone un único candidato a la alcaldía.
- Ese candidato debe ser concejal en ejercicio dentro del propio ayuntamiento.

Esto descarta, por tanto, que pueda ser elegido como alcalde en este proceso alguien ajeno al pleno municipal, aunque sea independiente o cuente con el apoyo popular. Solo se puede escoger entre los concejales actuales.

¿Y entonces, qué se puede hacer?

El hecho de que no se pueda designar a una persona externa no significa que no haya caminos.

Si entre los actuales concejales —aunque sean de grupos pequeños, independientes, o críticos dentro de sus partidos— se construye una mayoría con sentido común, voluntad y compromiso, sí puede abrirse la puerta a un cambio real.

Porque cuando un gobierno local promueve proyectos de alto impacto —como una planta de biogás a escasos dos kilómetros del casco urbano— sin escuchar al pueblo, la ciudadanía no solo puede, sino que debe movilizarse, exigir transparencia y alternativas.

No se trata de improvisar, sino de organizar

Una moción de censura no es una ocurrencia. Es un instrumento legal serio, que puede dar lugar a un nuevo liderazgo si hay acuerdos entre los concejales.

Pero para eso se necesita valentía política y presión ciudadana. 

Se necesita recordar que, incluso desde dentro del mismo pleno, puede haber voces más sensibles, más responsables, más dispuestas a rectificar.

Porque lo que está en juego es mucho más que un nombre: es el modelo de pueblo que queremos.

La democracia no solo consiste en votar cada cuatro años. También consiste en vigilar, reclamar y actuar. Antes de que sea demasiado tarde.

Más allá de la urgencia de frenar un proyecto como la planta de biogás, esta situación debe servir como punto de inflexión. Es hora de reactivar el municipio, de repensar sus servicios públicos, su urbanismo, su sostenibilidad y su dignidad institucional.

Con una población que ya supera los 60.000 habitantes, Colmenar Viejo no puede seguir funcionando como en los años 80. Necesitamos un modelo de municipio del siglo XXI.

Por eso, apelamos a la responsabilidad de los partidos de la oposición para construir, de forma seria, un acuerdo que ponga en marcha este cambio necesario. Es el momento de elevar la mirada y pensar a largo plazo. No se trata solo de cambiar de alcalde. Se trata de cambiar de rumbo.