Este fin de semana hice algo casi revolucionario: no vi ni un minuto de televisión. Ni debates, ni informativos, ni tertulias enlatadas. Estuve en otras cosas, en las mías. Y la cabeza, por fin, descansó.
El lunes volví al mundo, encendí el radar, y ahí estaban: los dos grandes partidos, el PSOE y el PP, cada uno con su sarao. Uno reorganizando su cúpula, el otro, sinceramente, no sé muy bien para qué se reunió, porque por lo que vi en medios, se dedicaron más a hablar del PSOE que a hablar de España. De ideas, de futuro, de programas… poco o nada. Más de lo mismo, otra vez. Palabras vacías, promesas recicladas, frases de marketing político.
Y entonces, en medio de este teatrillo, llega lo que más me indigna: el Partido Popular intentando venderse como el adalid de la limpieza, el azote de la corrupción, el que viene a salvarnos del fango. ¿En serio?
Ver a Mariano Rajoy soltando eso de “la diferencia es que nosotros luchamos contra la corrupción y otros contra jueces y fiscales” me dejó perplejo. ¿Rajoy? (¿Será el que todos conocemos, pero algunos no... el tal M. Rajoy?) ¿El de la sede de Génova pagada en B? ¿El de los sobres? ¿El de la Operación Kitchen? ¿Ese que no se enteraba de nada mientras la policía política perseguía a sus rivales?
¿Y Aznar? ¿Ese mismo que ahora va dando lecciones desde la sombra? El de la foto con las Azores, el de la guerra de Irak, el del “crimen organizado” convertido en gobierno.
¿Y que no se nos olvide el 11M…? El mayor atentado de nuestra historia, y la mayor mentira contada en directo por un gobierno a su pueblo.
El mismo que tuvo a doce de sus catorce ministros manchados por causas judiciales. ¿Ese es ahora el paladín de la ética?
Y mientras tanto, Carlos Mazón dando aplausos, tras la tragedia de la DANA en Valencia, con 228 muertos y mayores atrapados en residencias sin evacuación.
Sin dimisiones, sin autocrítica, sin vergüenza.
Y Ayuso, al grito de “¡me gusta la fruta!”, como si con una frase vacía pudiera esconder las 7.291 muertes en residencias. Muchas de ellas evitables. Muchas, con nombres, con historias, con familias que no olvidan.
¿La misma que tiene las urgencias cerradas en Colmenar Viejo y otros municipios desde hace años? Sí, esa.
Y por cierto, eso de “me gusta la fruta”, más que una frase con sentido, parece su comodín cuando el pinganillo hace interferencias.
Una especie de plan B sonoro, que suelta cuando se queda sin cobertura o sin respuesta clara. Porque a veces, cuando no se sabe qué decir, se dice cualquier cosa.
Y claro, mejor gritar fruta… que responder por los hechos.
Pero claro, si vives en un ático de lujo pagado con dinero de fraude fiscal, quizá todo te suene a ruido. A ese ruido que ellos mismos generan para que no escuchemos lo importante.
Sí, necesitamos una política limpia en este país. Pero, por favor, que no nos vengan a dar lecciones los mismos que embarraron la historia reciente de España. Que no nos traten como si fuéramos tontos, sin memoria, sin dignidad.
Algunos aún recordamos. Y escribimos.
P R E S U N T A M E N T E
La verdad es que, si fuera por tener que estar vigilando a los corruptores…
y también a los de aquí, en Colmenar Viejo,
me pasaría todo el día como el fin de semana:
con la televisión en negro, como algunos quieren a España…

Este artículo es una columna de opinión firmada por "Un Despistado".
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