El Sr. Alcalde de Colmenar Viejo plantea llamar parque de los héroes al parque del Cerrillo.
Al leerlo solo pude reflexionar: soy héroe, eres héroe, es héroe, somos héroes, sois héroes, son héroes. Así con todas las conjugaciones del infinitivo y del subjuntivo.
María Moliner define héroe, en su segunda acepción, como “La persona que ha realizado una hazaña admirable, para la que se requiere mucho valor”.
Javier Marías en “El País Semanal” de 3-5-20 escribió un artículo para la reflexión titulado “El coronavirus y los héroes”. Comienza diciendo que “debe ser una de las palabras más usadas en los medios desde que se declaró la pandemia”. Menciona el libro de Fernando Savater “La tarea del héroe”, donde dice que “héroe es quien logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia”, y J. Cercas añade: “el heroísmo es como una categoría moral suprema como la santidad; igual que los santos, los héroes son excepcionales” (excepción, no lo habitual o común).
Propone el Sr. Alcalde dedicar ese nombre a muertos por la pandemia y a sanitarios.
Personalmente siempre he tenido en mucha estima a los sanitarios, incluso cuando me han decepcionado con su fría y rápida atención, y por supuesto al sistema PÚBLICO de salud, motivo que me llevó a ir a las movilizaciones de las mareas blancas y a “abrazar” a mi hospital; dos enormes círculos de personas “abrazábamos” al hospital La Paz, rodeando todo el perímetro, dos porque fuimos muchísimas personas y hubo que hacer dos círculos cuando las expectativas era completar uno, en los tiempos en que el PP de Esperanza Aguirre lanzó su política contra la sanidad pública, como un Stuka lanzaba sus bombas.
¿Son héroes los sanitarios en esta pandemia? Mucho valor requiere ponerse en contacto con contagiados sin protección, eso seguro. También enfrentarse a las avalanchas de enfermos que llegan a hospitales pidiendo una segunda oportunidad para seguir vivos, y saber que ellos podían dársela, o ver que no podían, sin que sus familiares pudieran despedirse. También intentando atender en las residencias sin medios.
¿Son héroes los muertos de las residencias? Creía que eran víctimas pasivas de una forma de entender la atención en ellas. Sé que hay que tener mucho valor para vivir en una residencia (en algunas, muchísimo) cuando lo haces porque no tienes otra opción.
¿Somos héroes quienes nos hemos quedado en casa incluso desde antes de la gran escapada de madrileños a la Pedriza y a Marbella?, salvo casos muy extremos (violencia de género, dependientes, personas muy mayores solas, etc), rotundamente no.
Mucho valor es que estés en tu casa, te bombardeen, tu gobierno te envíe al frente y muerto de miedo, vayas, porque no hay otra opción como en las dos guerras mundiales. Mucho valor es que tu país se destruya entre crímenes y bombas (Yugoslavia, Siria, Yemen, Líbano, etc) y que huyas sabiendo que te van a despreciar en la frontera europea.
El manoseo de la palabra héroe hace que se haya quedado banalizado su sentido, como cuando los neoliberales manosean la palabra libertad hasta dejarla vacía de su sustancial contenido y filosofía.
Uno de los peores libros que he leído, “Héroes cotidianos” dice en el subtítulo “descubre el valor que llevas dentro”. Para mi uno de esos libros que pretenden impulsarte al valor a base de recetas mágicas y simplonas, dirigidas principalmente para que rindas en el trabajo aunque te estén machacando económica y moralmente, y que además llegues a casa y estés listo para la vida plena y feliz, para volver al día siguiente a rendir mucho y que seas muy amable con quien te machaca.
Sin embargo en el libro “Entre bestias y héroes. Los españoles que plantaron cara al Holocausto”, de Diego Caicedo, si veo héroes, como un diplomático puesto por Franco en Hungría durante el momento más cruel de persecución de judíos por los nazis, o personas “anónimas” que vivían en los Pirineos en plena batalla contra los maquis, todos ellos ayudaron a multitud de personas a huir de la GESTAPO, sabiendo que si les descubrían, les fusilarían o irían a un campo de concentración nazi (por cierto, durante esta pandemia estamos viendo a mucho “gestapillo”, lo que nos da una idea clara hasta donde se puede llegar en los tiempos del nazismo, el franquismo y el stalinismo, momentos extremos).
Además de estas cuestiones que planteo, hay otras de carácter tradicional-cultural.
Donde hoy se ha establecido el parque de El Cerrillo, fue hasta hace muy poco una vía pecuaria llamada “Cordel de las Carreteras de Miraflores y Madrid” y en su parte sur “Descansadero de Navalaosa”. El nombre El Cerrillo aparece también en la Jota de Colmenar, jota segoviana en su estilo. Tiene connotaciones muy arraigadas en Colmenar, y da nombre al cerro donde se ubica.
Los nombres, los topónimos, tienen su importancia cultural, a base de cambiar o anular estos nombres, destruimos también las señas históricas ancestrales, como también nos hemos cargado millones de variedades vegetales locales, que ahora tanto echamos en falta ante el cambio climático, en incluso, ante pandemias.
Ya ha ocurrido con el llamado “Paseo del Duque de Ahumada”, cuyo nombre más antiguo es “Cordel de Hoyo de Manzanares”, la zona tiene otro nombre también, puesto por nuestros antepasados, el cual no recuerdo por falta de uso. Une más un topónimo que un nombre que tiene muy diferentes connotaciones para diferentes personas.
Esa predisposición a lo militar, a ver héroes donde tal vez no los hay, y no verlos donde tal vez los hubo, distorsiona la percepción cultural y social. ¿Quién dispone qué acto o quién es héroe? Cuanto mayor mal entendido patriotismo, más héroes salen, a la par que más gente es olvidada. Me niego a llamar guerra a una lucha contra una pandemia.
Tal vez es más adecuado poner un punto de homenaje (si tan necesario se estima) dentro del parque del Cerrillo (nombre evocador), que poner nombre de héroes para evocar una pandemia, que al final es lo que evocará. No creo que a los muertos en residencias, les hiciera gracia que después de las carencias, se les llame héroes.
Mientras, el PP de la Comunidad podría ir ya cambiando el chip con la sanidad pública (siguen diciendo que la privada es más importante, es decir, siguen con el chip del negocio por encima de la salud pública) y con la visión y la misión de las residencias, para que cuando en Colmenar hagamos un homenaje a los fallecidos y a los sanitarios, no parezca que estamos haciendo una farsa un tanto hipócrita.
