Y de todas las poblaciones, cafeterías y comercios, añadiría.
Colmenar Viejo es menos acogedor, menos humano y menos libre desde que el ayuntamiento decidió instalar cámaras de video vigilancia en calles y entradas en nuestro pueblo-ciudad.
La decisión fue polémica y desproporcionada, pues no se ajustaba a los principios que la normativa establece para instalarlo, como que en Colmenar Viejo no existe un especial y grave problema de seguridad y violencia (esto no es ni Medellín ni el Bronx de los 70) o delincuencia, todo ello reconocido por las propias autoridades de Colmenar Viejo en anteriores notas de prensa, más allá de los habituales casos de muchos municipios sin cámaras y por debajo de la media.
También se decidió instalar sin consultar a personas que entienden en profundidad de estos temas, más allá del consabido y simplón “es por nuestra seguridad”.
“La exposición a la vigilancia actual y su enorme magnitud, pone sobre la mesa las dudas que plantea su establecimiento y magnitud, tanto desde el punto de vista ético como político” (Fuente: Vigilancia líquida, Zygmunt Barman y David Lyon).
William Staples ha destacado que “la vigilancia actual se produce en culturas caracterizadas por la fragmentación y la incertidumbre en las que los sentidos tradicionales, los símbolos, las instituciones de la vida moderna se disuelven ante nosotros” (fuente: Vigilancia líquida).
De la misma forma que las armas modernas, a partir de su invención (cañones, rifles, aviones, drones, misiles, etc), hacen más fácil matar, por hacerse a distancia, al conseguir desvincular a quien mata y a quien muere, cosa que no ocurría en el cuerpo a cuerpo, vigilar desde la distancia, suprime el compromiso y la empatía que produce la vigilancia en persona, se elimina todo aspecto humano, la frialdad se instala y los matices humanos desaparecen.
Hay que desmantelar la videovigilancia de las calles de Colmenar Viejo
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