Exhumación de fosas comunes
El mal estado de conservación de los cuerpos está haciendo muy complicado identificar a los 77 cadáveres exhumados. En el caso de Florencio Elipe, el primer identificado, se repitió la prueba de ADN hasta en tres ocasiones.
Florencio Elipe López pudo señalar con exactitud el lugar en el que se encontraba su padre, Florencio Elipe Sánchez. Allí lo llevó su madre desde muy pequeño a poner flores todos los primeros de noviembre. Recorrían kilómetros, pues pese a que toda su familia era de Hortaleza, los restos de su padre estaban en el cementerio parroquial de Colmenar Viejo. Como en el caso de tantos represaliados, se trataba de una más de las venganzas de los golpistas hacia los vencidos: ni llorar a los muertos, ni darles la sepultura deseada. Una venganza que, como si de una maldición se tratara, ha durado 85 años para este madrileño.
Ayer, jueves 16 de mayo, recogía unos trozos de metal, una hebilla y algunos otros componentes de la que fue la fosa común en la que metieron los franquistas a su padre después de fusilarle el 13 de julio de 1939. “Esto era de tu padre”, le dijo el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez López, al entregarle la pequeña cajita de objetos. Fuera, una exposición itinerante narra, con imágenes de los fotógrafos de El Salto, Álvaro Minguito, David F. Sabadell y Elvira Megías, todo el proceso de las exhumaciones y en vitrinas se pueden observar objetos rescatados de los represaliados en estos trabajos. Para la familia de Florencio, el siguiente paso será poder darle los restos mortales, que quieren que sean enterrados con el resto de su familia en el cementerio de Hortaleza. “Es una satisfacción moral”, explica Florencio hijo. Le acompañan su mujer Flora y su hija Natalia. “A mi abuelo le faltaba una mano y solo había dos enterrados con una sábana, pensamos que sería fácil reconocerle”, explica su hija.
