Colmenar Viejo se ha ganado con el tiempo una imagen de lugar tranquilo, familiar, cercano a la naturaleza y bien comunicado con Madrid. Pero esa imagen está a punto de cambiar para siempre si no se frena el proyecto que se quiere implantar a tan solo 1,2 km del casco urbano: una macroplanta de biogás de dimensiones monstruosas, equivalente a 10 estadios de fútbol.
Una instalación con el tamaño de un barrio entero, con impactos directos sobre el aire, la salud, el tráfico y la calidad de vida de miles de personas.
Una planta disfrazada de verde
Impulsada por varias empresas privadas del sector energético y de tratamiento de residuos, y financiada en parte con fondos europeos bajo la etiqueta de "energía sostenible", esta planta pretende procesar toneladas de desechos orgánicos —entre ellos, lodos, residuos ganaderos y basura urbana— que llegarán desde distintos puntos de la Comunidad de Madrid.
Aunque el biogás suena a energía limpia, lo cierto es que este tipo de instalaciones industriales generan emisiones, olores persistentes y riesgos sanitarios. Todo esto, a pocos metros de viviendas, colegios y parques.
Y lo peor: se sumará al vertedero ya existente, con lo cual el impacto no será doble, sino exponencial.
Más de 1000 camiones diarios en una M-607 saturada
El tráfico de residuos implica un trasiego constante de vehículos pesados. Se estima que más de 1000 camiones diarios circularán por la M-607, una vía que ya soporta una densidad de tráfico muy por encima de su capacidad.
Además, se avecinan otros dos años de obras para el tercer carril —tras 20 años de retrasos—, en una infraestructura pensada cuando Colmenar tenía 20.000 habitantes. Hoy somos 60.000, y el crecimiento no se detiene.
Y qué curioso… las obras han comenzado justo ahora, con una duración prevista de dos años clavados, lo que las dejaría listas para su inauguración un mes antes de las próximas elecciones. ¿Casualidad? ¿Campaña? ¿O quizá se trate también de preparar el terreno para los 1000 camiones que traerán la “materia prima” a la planta de biogás? Tal vez… ambas cosas.
¿De verdad creen que ese carril extra solucionará algo?
Los precedentes que nadie quiere contar
Basta mirar otros municipios donde se han instalado plantas similares: pérdida de valor en las viviendas, abandono progresivo de vecinos, malos olores y problemas de salud documentados.
En un reportaje reciente de televisión, se mostraba cómo localidades enteras quedaron prácticamente vacías, con pisos que cayeron hasta un 40% de su valor.
¿Quién quiere vivir al lado de una planta de residuos? ¿Quién compra un piso con el olor constante a desecho orgánico flotando por las calles?
Una reflexión para quienes miran al futuro
Este artículo pretende también servir como advertencia para quienes estén pensando en mudarse a Colmenar Viejo o incluso a zonas limítrofes de Tres Cantos. Conviene saber qué se está planificando en este entorno antes de tomar decisiones importantes.
Y quizá también para quienes participan en el desarrollo urbanístico, para que valoren hasta qué punto el entorno puede condicionar el futuro de sus proyectos.
Los datos están ahí. Las decisiones aún pueden cambiarse. Pero el tiempo corre.
Colmenar no es un vertedero. Colmenar es vida
Este municipio merece algo más que convertirse en el centro de tratamiento de residuos del norte de Madrid. Nadie está en contra del progreso ni de la sostenibilidad, pero esto no es progreso ni es sostenible.
No estamos en contra de las plantas de biogás. Pero no a 1,2 km de un núcleo urbano. No de este tamaño. No con 1000 camiones cruzando pueblos.
Porque cuando abres la puerta a una planta como esta, lo siguiente podría ser una macrogranja industrial, o cualquier otra infraestructura que degrade la zona con la excusa de la energía verde o la economía circular.
