Una fábula moderna sobre poder, favores... y BOE
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o puro BOE.
En tiempos donde la política y los negocios se cruzan sin semáforos, nos llega esta pequeña historia imaginaria. Una conversación telefónica entre dos viejos conocidos. Uno, recientemente salpicado por titulares; el otro, aún agazapado entre despachos y sobres cerrados. Ambos, miembros del mismo club donde las leyes se escriben a medida y los sustos se superan con llamadas diarias.
¿Fábula? ¿Sátira? ¿Realismo mágico con aroma a gas? Tú decides.
—¿Sí?
—¡Monte!
—¿Quién eres?
—Hombre, tu compi… de los años buenos.
—Ahhh, qué pasa, qué pasa.
—Nada, que he visto lo tuyo…
—¿Lo mío? Si casi me entero por la prensa. Llevaban años guardándoselo.
—Sí, sí, eso ya no se lleva. Lo tuyo es como misa… pero de las gordas.
—Bah… mala suerte. A ver si queda ahí.
—¿Crees que saben todo?
—Espero que no. Solo eso. Por ahora.
—Pues ojo… que ya no estamos tranquilos ninguno.
—¿Tú también?
—De momento me libro, pero por fechas… ya sabes.
—Sí, me acuerdo. Lo tuyo también huele.
—Vamos, que ahora nos llamamos todos a diario, por si suena alguna campanita.
—Bueno, si no hay novedad, esto caduca.
—Claro, hombre. Unos meses, algún titular, y otra vez rumbo al despacho.
—Eso. A misa y al BOE.
—Amén, hermano.
—¡Jajaja!

