La fábula del bosque y la gran fábrica de humo

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El Rincón
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Una mañana, el aire en el bosque ya no olía igual. No era humo todavía, pero se intuía en la brisa. Como una sombra que avisa sin mostrarse.
En el gran roble apareció un anuncio clavado:

“Se construirá aquí, junto al río, la Gran Planta de Humo. Proyecto aprobado. Todo por el bien del bosque.”

Los primeros en acercarse fueron los tejones y las urracas. Leían con el ceño fruncido.

—¿Quién ha decidido esto? —preguntó la liebre.

—Lo han firmado el Consejo de la Cueva Central, con apoyo de algunos zorros, búhos y los ruidosos buitres del acantilado.

Los ciervos, mientras tanto, paseaban en silencio con sus cervatillos por la orilla del río. Escuchaban los cánticos de los que se manifestaban con cortezas pintadas de “NO a la planta”, pero el padre ciervo les decía:

—No pasa nada, pequeños. Eso no va con nosotros. Bebed tranquilos. Seguid disfrutando del bosque.

—¿Y si el agua ya no es limpia? —preguntó uno de los cervatillos.

—Bah… exageraciones —contestó, mirando hacia otro lado.

En una colina cercana, el zorro elegante ya no gritaba “¡dictadura!”. Ahora llevaba gafas redondas y una carpeta con planos. A su lado, los buitres le susurraban promesas:

—Dirás que es energía verde. Dirás que será bueno. Dirás que es… progreso.

Y el zorro repetía, como hipnotizado:

—No es una fábrica, es una oportunidad. ¡El bosque se moderniza! ¡Con esto viviremos mejor!

Un pequeño lagarto, apenas visible entre la hojarasca, lo escuchó y murmuró:

—No es para limpiar nuestro bosque…

—¿Entonces para qué es? —preguntó la tortuga.

—Es para quemar la basura de otros. Vienen a dejarnos lo que ya no quieren.

Los viejos búhos callaban. Algunos ancianos rumiaban desde sus troncos:

—Los que protestan solo buscan lío. Qué necesidad hay de armar jaleo…

Pero los tejones, las urracas, las ranas, los ratones y hasta una ardilla embarazada se pusieron en marcha. Se manifestaron por el bosque. No con odio, sino con amor: por el río, por el aire, por los que aún no pueden hablar.

Fabula Bosque Macroplanta

 

Moraleja:

Hay animales que solo se mueven cuando ya no pueden respirar.

Y otros… que luchan antes de que les tapen el cielo con humo.