Pedro Pozas Terrados
La historia pasa página muy rápido cuando se quiere olvidar hechos que hicieron tambalear cada día la tranquilidad de nuestras vidas. Ya nadie recuerda los atentados diarios en los que se vertía sangre a traición de hombres valientes que vestidos de verde, mordían el polvo de la intolerancia, mientras que nada se hacía por remediar las muertes de los defensores de la Ley y de sus familias que estaban en el punto de mira de asesinos sin escrúpulos. Ya nadie recuerda como cada mañana, un día sí y otro también, nos despertábamos con coches bomba, con heridos, con muertos, con ataques a los familiares de los guardias civiles, de otros agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado o militares, con la sangre derramada ante la ineptitud de gobiernos callados. Ya nadie recuerda como esas familias despedían a sus maridos sin saber si iban a volver a verlos o cuando cerraban las puertas de su casa, escuchaba el tableteo cobarde de una metralleta que acababa con su vida. Cuánta angustia y cuánto dolor sigue aún guardado de quienes han vivido esos días que se han querido olvidar y que sólo ahora se utiliza como arma política.