Octubre, otoño.
Aquel tiempo donde las hojas caen como quimeras vencidas.
Aquel donde el alma florece entre senderos dorados.
Aquel que cambia de piel en cada paisaje que tus ojos ven.
Aquel, que nos enseña a cambiar el reloj por milésima vez.
Pero con su paso lento, también llega noviembre.
El que huele a lluvia y a despedida.
Donde los días se apagan sin prisa y sin herida.
El que nos enseña a ver a diciembre
como un invierno que todo lo abraza.
