En la cueva de El Molar. Un tiempito bianual, anterior a la clienta de las croquetas

Expired

pxhere.com

Tauromaquia
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times
Star InactiveStar InactiveStar InactiveStar InactiveStar Inactive
 

Otra sucursal del mismo banco, vecina a los juzgados de Pz y Castilla. 
Pero mucho más vecina, clientes y sin embargo, amigos se encontraba la Embajada de cierto país latinoamericano. 
Otro gran cliente/amigo ( aquí tengo que hacer PUNTO Y APARTE: En aquellos tiempos, no había que saber inglés ni informática, para ir a un banco y hacerse un amigos de los empleados, muchos clientes y empleados salían a desayunar juntos. Acaba el "apartado" ).

Ese otro gran cliente y amigo, dueño de varios "locales de copas y alteraciones de testosterona", nos invitó, a los semi-funcionarios del banco, a un "ágape" en su cueva-bodega de El Molar. 

Pero, y aciertan los que dicen que las cuestiones auténticas comienzan a partir del "pero", héte aquí que el director de la sucursal, se convierte en anfitrión e "invita" al mejor cliente de la citada Embajada y, rayando el esperpento, este ministro-consejero a su vez, también se convierte a la secta de los anfitriones e invita a su suegro, que estaba de visita en España. Total/A lo que voy, como diría mi amigo Manolo, que los 7 invitados bancarios, se convierten en 9, por las excelentes ideas de un director y otro funcionario de Embajada. 

Cuando nos encontramos todos en la Pz Castilla, la cara del cliente/amigo/anfitrión/invitador, era un poema de Withman. 

Pero ( por segunda vez ), nos presentamos todos, con la particularidad de que el casi embajador, nos presenta a su invitado, con estas palabras "Quiero presentar a mis amigos del banco y al nuevo amigo, que tan amablemente "nos ha invitado" a mi querido suegro, TONTITO, que ya tiene 80 años, pero está en plena forma para comer una rica paella y un buen vino" 

Las caras de la comitiva, antes de subir a los coches era .... bueno, os "invito" a adivinarlo, pero no sabíamos si era más normal las autoinvitaciones o el nombre del suegro, pero bueno... partimos.

Llegamos a El Molar, comemos como si no hubiese un mañana, sobre todo, TONTITO, que se puso ciego de arroz y vino, lo que condujo a aumentar su ya voluminosa figura. 

Acabada la cena en el restaurante, nos dirigimos a la cueva, para verla y probar su gran vino.

El ancho de la escalera era para una persona y el auténtico anfitrión, nos advirtió que los peldaños estarían húmedos. 

El órden de bajada era el siguiente: primero el dueño, segundo y tercero dos bancarios ,  cuarto, el director, quinto el casi embajador, sexto, séptimo y octavo, más bancarios, noveno el funcionario tikismikis y décimo, Tontito. 

Bajábamos muy despacio, agarrados a las barandillas, cuando, de súbito, oigo un golpe a mi espalda .... era Tontito que se había caído, se había sentado en el escalón, pero por su humedad, Tontito bajaba los escalones "a tumba abierta" y yo, como buen compañero, grité lo más normal: "¡¡¡ Cuidado, apartáos, que baja Tontito, y nos arrolla !!!". Los demás se apartaron de los 17 escalones y Tontito bajó, apoyando sus posaderas sobre cada peldaño .... hasta el último, dónde le auxilió y ayudó a levantarse el anfitrión.

Acudimos todos a socorrer a Tontito, sobre todo su yerno. 

El coro era casi unánime " ¿ Se encuentra bien, Tontito ?". 

El buen hombre se va recuperando poco a poco y nos sentamos en la gran mesa de madera ultra gruesa. 

Yo era, de los presentes, el mejor amigo del casi embajador y nos sentamos juntos. 

Se acerca a mí y me dice: " Oye, ¿ por qué todos estáis llamando Tontito a mi suegro y sobre todos tú, cuando nos gritáste que nos apartáramos, que nos arrollaba Tontito ?" Yo le digo "Pues porque tú nos dijiste que se llamaba TONTITO". El hombre se levanta y me grita al oído "DON TITO, NO TONTITO".

Octubre de 1988.