Habito en la eternidad;
todos creen siempre en mí;
un templo tenía en Roma,
mas nadie me ha visto jamás.
Cuando yo a uno visito,
siempre me recibe con flores,
y yo quito sus dolores
y un gran reposo le doy.
Mas llegó Saulo de Tarso,
y me acusó de enemiga,
a quien Jesús matará
el día de su venida.
Después nunca existiré,
pues así lo cuenta Juan.
(1 Cor 15:26 / Apo 21:4).
29-4-2017