Tenemos la mala costumbre de callar,
de guardarnos sentimientos,sensibles, profundos y poco visibles.
Recuerdo más de una vez cómo mis ojosy mi retina me han abandonado.Como telarañas han vuelto a ser mi imaginación.
Una luz angosta albergaba mi cuarto.Un trozo pequeño de mi ser se sentía protegido.Era criatura sin mucho en qué pensar.Éramos un cristal demasiado mimado.Un regalo sin estrenar.
Las sombras jugaban un gran papel.Eran máscaras que ocultaban la verdadera realidad.Era la noche seria, y ya sin una luz, la que daba desconfianza.
CONTINUAR...