Demasiada información, poca sabiduría

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El Rincón
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Hubo un tiempo en que mirar al cielo era un acto de silencio.
Mis abuelos levantaban la vista y veían pasar una estrella fugaz, un cometa, o simplemente la luna llena, y aquello bastaba para sentirse parte del universo. Nadie hablaba de apocalipsis ni de conspiraciones. No había vídeos de YouTube, ni titulares que gritaran “¡la ONU debe actuar!”. Solo curiosidad, respeto y un poco de magia.

Hoy, vivimos rodeados de pantallas que nos dicen que el mundo se acaba cada semana.
Si no es un asteroide, es un cometa “de veinte kilómetros” que “la NASA oculta” o un “objeto interestelar que podría ser una nave extraterrestre”. Y claro, muchos lo comparten, otros lo repiten, y al final todo el mundo acaba asustado… aunque nadie entienda realmente lo que está mirando.

art i3atlasEl problema no es la información —que abunda— sino la falta de sabiduría.
Antes teníamos poco conocimiento, pero más calma. Hoy tenemos millones de datos, pero menos criterio.

Los cometas que hoy se anuncian con nombres extraños —3I/ATLAS, 200I/whatever— seguramente ya pasaron hace siglos, cuando nadie les puso hashtags ni teorías delirantes. La diferencia es que ahora, cada piedra que cruza el cielo se convierte en un espectáculo global, envuelto en miedo, clickbait y humo digital.

El universo sigue siendo el mismo; lo que ha cambiado somos nosotros.
Ya no miramos al cielo para admirarlo, sino para buscar amenazas.
Y sin embargo, sigue ahí, inmenso, sereno, recordándonos que lo importante no está en los titulares ni en los vídeos sensacionalistas, sino en ese instante íntimo en que uno levanta la vista, respira, y se siente pequeño… pero vivo.

Quizás haya demasiada información, sí.

Pero lo que nos falta, más que nunca, es silencio.