Supervivencia en un hotel de playa día 4 – “Cómo adelgazar (sin querer)

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El Rincón
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Tenemos media pensión: desayuno y comida en el hotel, y las cenas fuera, para darnos un capricho.
Ese era el plan… el mismo que llevan repitiendo aquí millones de españoles desde los años noventa.
El problema es que al hotel le cuelgan cuatro estrellas en la puerta, pero en realidad no llegaría ni a dos, y eso siendo generoso, porque el precio sí que es de cinco.

En el desayuno hay de todo… excepto calidad: huevos que no saben a huevo, café que no sabe a café y zumo “de naranja” que sería denunciable en La Haya. Para comer, más de lo mismo: masificación, sillas pegadas unas a otras, falta de platos, cubiertos que hay que ir cazando como si fueran Pokémon, y un show cooking de filetes a la plancha con una cola de quince comensales hipnotizados esperando su turno.

Yo llevo cuatro días a base de arroz. Ni paella ni historia: arroz blanco, con un chorrito de salsa por encima para engañar al alma. Porque lo que ellos llaman “paella” es lo que sobró del día anterior picado y disfrazado. Si sobró carne, paella mixta. Si sobraron judías, paella vegetal. Y así.

Eso sí: hay quien se infla como si se acabara el mundo. Yo debo de ser raro, pero no he visto a tanta persona obesa junta en mi vida, con su pulsera del "todo incluido", engullendo macarrones como si hubiera venido Nerón. Para los niños: macarrones, espaguetis, salsa “de tomate” (o algo rojo que lo parece). Y si sobraron albóndigas del lunes, el martes hay boloñesa. Maravillas del reciclaje gourmet.

Ah, y el agua: botella de litro y medio a 3 euros en el hotel. La misma que el chino te vende a 1,5 euros. Por eso uno come algo… solo para no desmayarse… y se reserva para la cena “de verdad” en los restaurantes del paseo marítimo.

Ahí también hay decoración bonita, luces colgadas, mantelito de papel que hace el apaño… y pizzas a 18 euros que parecen goma de mascar, lasañas recongeladas, vino de la casa a 4 euros la copa, y cuentas finales de unos 60-65 euros por tres personas… sin postre ni nada.

En resumen: No hay lugar como el hogar… y como tu cocina, tampoco. Pero, al final del día, estas son las lecciones que uno se lleva para no caer en la trampa el próximo verano. Una lección de vida (y de dieta forzada).

vaca dia 4 pizza