¿Qué estamos haciendo con el tiempo que nos queda?

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El banco del Tiempo
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Detente un momento. Deja de lado la noticia del día, el tráfico en la M-607 o la prisa de la agenda. Respira. Y respóndete en silencio: ¿Qué estás haciendo con el tiempo que te queda?

Vivimos como si la vida fuera eterna. Como si el mañana en nuestras calles fuera una garantía escrita en piedra y no un suspiro al azar. Nos perdemos en el ruido de lo urgente, olvidando que lo verdaderamente importante no suele hacer ruido.

La herencia del silencio

La realidad es cruda: la gente muere. Así, sin más. Y todo lo que parecía crucial se detiene en seco. Los planes a largo plazo, las deudas, las parcelas, el coche nuevo comprado para aparentar... todo se queda ahí.

La comida en la nevera se pudre. La ropa sigue colgada en el armario esperando una "ocasión especial" que ya no llegará. Las casas permanecen en silencio mientras el mundo, indiferente, continúa su marcha. Las personas superan la ausencia y retoman sus rutinas. En el trabajo, otro ocupa el lugar en días. Las pertenencias se reparten, se donan… o se tiran.

Los grandes problemas que creíamos tener desaparecen de golpe. Y es que, en realidad, los problemas vivían dentro de nosotros; eran tan grandes como la energía que decidíamos regalarles.

Vivir mejor, no con miedo

Nadie vive esperando el final, pero quizá deberíamos tenerlo más presente. No para caminar con temor por Colmenar o Tres Cantos, sino para vivir con más calidad.

Si fuéramos conscientes de nuestra finitud:

  • Usaríamos hoy nuestra mejor ropa y nuestro mejor perfume.
  • No dejaríamos lo importante para mañana.
  • Tal vez empezaríamos por el postre.
  • Perdonaríamos más, abrazaríamos más y exigiríamos mucho menos.

Miraríamos más al cielo, a los árboles de nuestra sierra y al silencio. Entenderíamos que no merece la pena sufrir por discusiones vacías o por un orgullo que no llena el vacío del alma.

Un viaje sin retorno

Desde que nacemos, iniciamos un viaje sin vuelta atrás. Un trayecto rápido, silencioso e imparable. Y aun así, vivimos con una prisa ciega, sin ver que cada segundo que pasa es un segundo menos. Morimos un poco cada día.

Por eso, hoy desde Diario Colmenar y Diario Tres Cantos, te invito a lo siguiente: escucha más música. Baila, aunque no sepas. Ríe a carcajadas. Quiere sin reservas. Vive. Porque el tiempo no se guarda en una caja de ahorros y la vida, sencillamente, no avisa.