La Locomotora de la Vida

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La vida es como una locomotora que avanza imparable sobre sus rieles, siguiendo un trayecto que, aunque parezca fijo, está lleno de decisiones, cambios y momentos que nos hacen preguntarnos si tomamos el camino correcto. No hay marcha atrás. Las vías que dejamos atrás son historia, y la máquina sigue su curso, quemando carbón o diésel, impulsándonos hacia adelante, hacia lo desconocido.

Hace muchos años, mientras me dirigía a mi trabajo en Unisys, en el Parque de las Naciones de Madrid, vi pasar una locomotora bajo un puente. Aquel instante, tan cotidiano y simple, despertó en mí una reflexión profunda: la vida no tiene retorno, no puedes volver a las vías anteriores, solo seguir avanzando. Y así surgió esta metáfora que, con el paso del tiempo, ha cobrado aún más sentido.

Cada estación representa una oportunidad. Algunas veces, la locomotora se detiene en lugares donde podríamos haber bajado, explorado, cambiado de rumbo… pero no lo hicimos. Quizás por miedo, por inercia o porque en ese momento no vimos que aquella estación era importante. Ahora, con la perspectiva del tiempo, miramos por el retrovisor y vemos dos caminos: el que seguimos y el que podríamos haber elegido. Nos preguntamos qué habría pasado si hubiéramos tomado otra dirección. Sin embargo, la locomotora nunca da marcha atrás. Lo que quedó atrás, quedó atrás.

En este viaje, suben y bajan pasajeros: amigos, amores, pensamientos, ilusiones, sueños. Algunos se quedan por muchas estaciones, otros solo acompañan un tramo del trayecto. Y al final, todos llegamos a la última parada, la temida "vía muerta", donde el viaje se detiene. Pero lo importante no es el final del trayecto, sino cómo lo hemos recorrido.

No elegimos el tren en el que nacemos, ni muchas veces las primeras estaciones por las que pasamos. Pero sí podemos decidir cómo viajamos, cómo afrontamos cada cambio de vía y, sobre todo, cómo disfrutamos del paisaje. Porque la vida, al igual que una locomotora, no espera a nadie. Sigue su curso, y nosotros, los maquinistas, tenemos el poder de acelerar, frenar o simplemente admirar el camino.

A lo largo de mi vida, he sentido que mi locomotora nunca se detuvo, aunque a veces el viaje fue difícil. Hubo momentos en los que pensé en bajarme, cambiar de ruta, pero las vías ya estaban marcadas y el destino seguía llamando. Como todos, tuve estaciones donde me habría gustado quedarme más tiempo, y otras donde quizás no quise detenerme, pero el tren paró de todos modos. Sin embargo, cada tramo ha formado parte de este viaje, y aunque a veces miro el retrovisor, sé que lo importante es el próximo destino.

Hoy, mientras sigo en mi locomotora personal, con las vías ya algo gastadas pero con el motor aún en marcha, me pregunto: ¿cuál será la próxima estación? ¿Me detendré a explorar, o seguiré adelante sin mirar atrás? La respuesta está en el viaje mismo. Mientras haya combustible en el depósito, seguiré avanzando.

Y tú, ¿en qué parte del trayecto estás? ¿Tomarás la próxima oportunidad o dejarás que la locomotora siga su curso sin detenerse?