Hay algo que cada vez cuesta más ignorar: las guerras ya no son solo tragedias humanas… también son grandes negocios.
No hace falta irse muy lejos para entenderlo. Basta con observar cómo, en cada conflicto, hay sectores que no solo resisten… sino que crecen. La industria armamentística, determinadas empresas energéticas o tecnológicas, todas ellas encuentran oportunidades donde otros solo ven destrucción.
Y uno se pregunta: ¿de verdad esto es nuevo? ¿O simplemente ahora empezamos a mirarlo de frente?
Pero lo que más desconcierta no es solo lo que ocurre fuera, sino lo que pasa aquí, en Europa. Una Europa que muchos sentimos lejana, lenta, incapaz de reaccionar con la firmeza que exige el momento. Una Europa que debería liderar… y que, sin embargo, parece ir siempre un paso por detrás.
No es una cuestión ideológica. Es una sensación que cada vez comparten más ciudadanos: falta dirección, falta claridad, falta altura.
Y si bajamos un poco más, a nuestro propio país, el panorama tampoco invita al optimismo. La política española vive instalada en un ruido constante, donde la confrontación parece más importante que las soluciones. Y la oposición, que debería ejercer un papel clave, muchas veces da la sensación de estar más pendiente del desgaste que de construir una alternativa real.
Sinceramente, cuesta entenderlo.
Mientras tanto, el mundo sigue girando, los conflictos continúan y los intereses económicos hacen su trabajo en silencio. Y nosotros, los ciudadanos, intentamos descifrar qué está pasando realmente.
Quizá el problema no es solo lo que ocurre… sino lo poco que se explica.
Porque cuando la guerra se convierte en negocio, y la política en espectáculo, algo empieza a fallar de verdad.
FUENTE
Fuente: Nuevatribuna
Autor: Luis Díez
Artículo original:
https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/neoliberalismo-negocio-lucran-guerra-eeuu/20260314092656248009.html
