Ayer asistí al pleno del Ayuntamiento de Colmenar Viejo y salí con una sensación agridulce. Lo que debería haber sido un debate sobre la gestión de nuestro patrimonio se convirtió, por momentos, en una tertulia televisiva de ámbito nacional.
El peso de los datos frente al ruido Hablamos de una parcela municipal valorada en 3,7 millones de euros. Suelo público que es de todos los colmenareños. El destino: una mutación demanial a favor de la Comunidad de Madrid para un colegio concertado. Se puede estar a favor o en contra, pero lo que el vecino espera son respuestas a preguntas locales: ¿Es la mejor opción para el municipio? ¿Qué recibimos a cambio de esta cesión millonaria?
Sin embargo, el pleno prefirió viajar. No en un Cercanías (que ya sabemos cómo va), sino en la narrativa nacional. Aparecieron nombres como Pablo Iglesias o Irene Montero, como si la parcela estuviera en el Congreso y no en nuestro pueblo. Cuando una decisión local necesita "muletas" de la política nacional para justificarse, es que los argumentos propios flaquean.
El "Abono Transporte" de Francisco Franco Llegó el turno del Cercanías. Un tema que nos quita el sueño (y el tiempo) a todos. Es cierto que el Plan de Cercanías maneja cifras récord, pero los retrasos siguen ahí. Y en medio del debate, otro invitado inesperado: Francisco Franco. Murió en 1975, pero parece que todavía tiene tarjeta de usuario frecuente en los plenos de Colmenar.
Mientras algunos concejales se pierden en 1939, los vecinos sufrimos en 2026. Sufrimos los retrasos del tren y sufrimos la falta de previsión en las obras de la M-607. ¿Nadie pensó en un plan alternativo de movilidad coordinado antes de empezar? Es mucho más fácil recurrir al pasado que planificar el presente.
Conclusión: Menos mitin, más Colmenar El Ayuntamiento no es una sucursal del Congreso. Discrepar es sano, pero cuando el vecino deja de ser el protagonista de la discusión para serlo la ideología de bloque, algo falla. Colmenar Viejo necesita gestión, datos y previsión. Porque los vecinos vivimos en el mundo real de 2026, y esperamos que nuestros representantes estén, por fin, a la altura de esa realidad.
