Hay cosas que un país no olvida, por mucho que pasen los años. La pandemia fue una de ellas. No solo por los 900 muertos al día, sino por la sensación de abandono que vivimos todos. Miedo, silencio, calles vacías y un país entero buscando protección como podía mientras otros, desde sus despachos, veían una oportunidad de oro.
El día que pagamos 75 euros por cuatro mascarillas
Yo aún recuerdo ir por Colmenar Viejo de farmacia en farmacia buscando mascarillas como quien busca agua en el desierto. Hasta que un día encontré cuatro.
75 euros.
Un atraco, pero lo pagabas porque era tu vida, la de tus hijos, tus padres.
Yo pude permitírmelo. Pero ¿cuántos no? ¿Cuántos vecinos se quedaron sin la mínima protección porque simplemente no podían pagar ese robo?
Y mientras el pueblo hacía colas interminables, algunos “servidores públicos” y sus amiguetes estaban firmando contratos inflados, repartiendo comisiones, adjudicando material defectuoso y enriqueciéndose a costa del miedo ajeno.
PP, PSOE, empresas pantalla, asesores, intermediarios…
Aquí no se salva nadie.
La pandemia fue una tragedia para los españoles y un negocio para ellos.
La corrupción ya no es sospecha: está en los sumarios
Las investigaciones actuales lo están demostrando:
– En Almería, la UCO ha destapado contratos amañados, sobrecostes, mordidas y empresas creadas de la noche a la mañana con 2,75 euros en la cuenta.
– El presidente y el vicepresidente de la Diputación fueron detenidos, junto con otros cargos públicos.
– La jueza tuvo que apartarse por vínculos personales con un investigado.
– Y estamos hablando de cohecho, malversación y blanqueo.
Todo esto salió mientras se investigaban otros delitos. Es decir: si no hubieran tirado del hilo, jamás habríamos sabido nada.
Y luego está la Operación Delorme, el caso Koldo–Ábalos, donde el Supremo habla de tráfico de influencias, organización criminal y cohecho.
Una red de contratos exprés, intermediarios y millones públicos volando.
No es un caso aislado.
Es una forma de trabajar.
Y mientras tanto, algunos siguen en el poder
Por ejemplo, el novio de la presidenta de Madrid, imputado por comisiones durante la pandemia, sigue tan tranquilo mientras ella gobierna como si fuera intocable.
Y si alguien duda de la fuerza de ese entorno, que se lo pregunten al expresidente del PP, fulminado en menos de 48 horas.
O al Fiscal General del Estado, triturado por cuestionar lo que no debía.
Y por supuesto, al del pelo blanco, ese “periodista ejemplar donde los haya”, siempre muy valiente para denunciar la corrupción del adversario… pero jamás la de los suyos.
Recordemos, además, que el PP es el único partido de España condenado por corrupción en sentencia firme.
La sentencia Gürtel no la escribió ningún “odiador”, sino un tribunal.
No va de izquierdas o derechas. Va de decencia.
Esto no va de ideologías.
Va de algo más básico: honestidad.
Cuando un país permite que sus gobernantes hagan negocio en plena tragedia, no es solo la política la que falla:
es la democracia la que se gangrena por dentro.
Y lo peor de todo no fueron las comisiones.
Lo peor fue que mientras ellos hacían números, nosotros hacíamos videollamadas para despedir a nuestros mayores.
Comité de Investigación YA: basta de circos
España necesita limpiar su memoria y su dignidad.
Y para eso no valen las comisiones del Congreso o del Senado, que —como dijo el propio presidente— son un auténtico circo donde cada partido defiende a los suyos y ataca solo al otro.
Hace falta algo serio:
Un Comité Nacional de Investigación y Auditoría Pública
Independiente.
No político.
Con acceso total a documentos, contratos y adjudicaciones.
Un comité que revise:
- Todos los contratos de mascarillas
- EPIs
- Tests
- Adjudicaciones exprés
- Empresas pantalla
- Comisiones
- Sobreprecios
- Redes de intermediarios
- Compras centralizadas y autonómicas
Un comité por memoria, porque este país se dejó 900 vidas al día mientras otros hacían caja.
Y mientras unos piden “movilizarse” …
Esta semana, Alberto Núñez Feijóo ha pedido a los ciudadanos que vuelvan a las calles. Dice que Sánchez “no da voz” al país por no convocar elecciones, y que las protestas deben dirigirse “contra los corruptos”.
Suena bien.
Solo tiene un pequeño problema:
cada partido solo ve la corrupción del otro.
Nadie barre su propia casa.
Nadie mira sus propias sombras.
Nadie habla de sus propios imputados, condenados o comisionistas.
Y así, España avanza con dos grandes partidos que se señalan con el dedo mientras esconden la mano.
Por la memoria de los españoles
Mientras nosotros buscábamos mascarillas, ellos buscaban contratos.
Mientras teníamos miedo, ellos tenían prisa por firmar.
Mientras nuestros mayores morían solos, ellos negociaban comisiones.
Eso no se olvida.
Eso no se tapa.
Eso se investiga.
Porque si no se investiga el pasado, la corrupción vuelve siempre.
Y en España, ya hemos pagado demasiado caro el silencio.
(Supuestamente… por si acaso.)
