las Cumbres del clima iniciadas en 1992 con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), o la Cumbre de las Naciones Unidas que aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, entre cuyos objetivos incluye «lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas» y el compromiso de integrar la igualdad de género, son sólo algunos ejemplos de la labor de agencias, fundaciones y granes corporaciones que, junto a Naciones Unidas, promueven mediante el binomio público-privado una hoja de ruta globalista, tan evidente como innecesariamente oculta.