Eurovisión, Palestina… y la indecencia de algunos que no saben ya ni lo que es la vergüenza

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DINIA

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Anoche muchos vieron Eurovisión. Yo también. Pero no por el espectáculo, que hace tiempo perdió la esencia, sino por lo que hay detrás. Porque mientras sonaban luces y saltos en el escenario, en Gaza seguían cayendo bombas. Y lo peor no es solo eso. Lo peor es lo que vino después, desde aquí, desde esta España nuestra, de la que uno a veces no sabe si reír o llorar.

ART EUROVISION VOTOSLa dignidad no se compra

TVE —algo que no suelo aplaudir últimamente— abrió la gala con una frase valiente: “Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina.”

¡Ya era hora! Porque si a alguien le molesta que se diga que hay niños muertos bajo los escombros, quizás la solución no sea callar, sino dejar de bombardear niños.

Y ahí apareció Ayuso. Porque no falla: si hay foco, ella entra en escena. Que si esto es un numerito, que si el gobierno está politizando Eurovisión. No, señora presidenta: lo que es un numerito es convertir un genocidio en un argumento electoral, y pretender que pedir justicia es un ataque partidista. Qué bajo hay que caer…

Votar a bombas para “fastidiar a Sánchez”

Pero la cosa no termina ahí. Desde la bancada de la derecha española, hubo quien se organizó para votar a Israel por teléfono solo para molestar al gobierno. No por la canción. ¡Ni la habían escuchado! Solo por ir en contra de Pedro Sánchez. Hasta compartían las facturas de lo que se habían gastado, como si fuera algo de lo que presumir. ¿Tú te imaginas el nivel?

En serio: gastar 20 euros en Eurovisión para apoyar un país que en ese mismo momento está bombardeando un campo de refugiados, solo porque odias a tu presidente… eso no es ideología. Eso es una podredumbre moral que ya no se puede disimular ni con purpurina.

Y mientras tanto, en Madrid...

Hoy he intentado pedir cita en el médico de cabecera. No presencial, ¿eh? No pido tanto. Una cita por teléfono. ¿Resultado? 8 de junio. Y estamos a 19 de mayo.

Esto también es política, señora Ayuso. Esto también importa.

Pero claro, de eso no se habla. Es mejor meterse con Palestina que hablar de la ruina de la sanidad pública madrileña.

Y en Colmenar Viejo… como siempre

Y aquí, en nuestro pueblo, los de siempre. Aplaudiendo a la señora presidenta, a sus órdenes. ¿Vertedero? Se acepta. ¿Macroplanta de biogás? También. ¿Lo que diga la Comunidad? Faltaría más. Todo por un carguito, por una promesa, por una foto. La dignidad, esa sí, está de saldo.

¿Y ese segundo puesto… casualidad?

Y como guinda del pastel, Israel quedó segundo.

Qué curioso, ¿verdad? Ni ganan —para no encender del todo el fuego—, ni quedan fuera —para no parecer repudiados—. Segundo puesto: la posición perfecta para blanquear y contentar sin escándalo.

¿Casualidad? ¿O una jugada de las que se preparan entre bastidores, donde los lobbies, los Harkers y las estrategias invisibles tienen más peso que la música? Porque aquí quien paga, gana. Y quien maneja el relato, coloca a su país donde le conviene.

Europa, una vez más, prefiere la estética a la ética, y el espectáculo a la verdad.