En el pleno municipal de diciembre se aprobó la desafectación de la Ermita de San Francisco y se convirtió en un edificio y un espacio de propiedad municipal. Hubo algo de revuelo y discusión, pero la firmeza del grupo municipal del PP y el apoyo sostenido con que el PSOE viene sujetando las grietas del equipo de gobierno, sacaron la propuesta adelante.
En aquel Pleno, sotto voce, se habló de una coral y de la iglesia ortodoxa rumana como posibles destinatarias del uso de ese espacio, pero la primera teniente de alcalde, Belén Colmenarejo, ya se apresuró entonces a decir “que era solo un ejemplo” y que cualquiera que lo solicitara podría hacerse con el uso de ese espacio.
Oh casualidad
Oh casualidad, en el pleno de enero, entre el nutrido público -suele asistir casi en exclusiva este cronista, pero esta vez hubo una asistencia desmedida- se encontraba un destacado clérigo de la mencionada iglesia ortodoxa. (Era destacado por la abigarrada sotana con la que vestía, que le diferenciaba de todos los demás miembros del público, no porque tengamos constancia de que sea más o menos relevante dentro de esta respetable iglesia).
Y en efecto, la concejala de Patrimonio y vicealcaldesa presentó la propuesta de que el Pleno adjudicara la cesión por diez años de la Ermita a la referida confesión religiosa, junto con la Asociación Coral el Canto, con quien compartirá espacio.
Como ya viene siendo costumbre en algunos temas, el grupo de Vox, que forma parte del equipo de gobierno, se descolgó de la propuesta, pero ahí estaba el grupo socialista, presto para echar una mano al PP, en una extraña fórmula de alianza (una oposición que actúa con el gobierno) que empieza a ser usual en Colmenar Viejo, pero nada más que en Colmenar Viejo.
Debate trabado y torpe
El debate, como los malos partidos de fútbol, fue trabado y torpe, entre otras cosas porque los papeles no estaban bien hechos y se organizó un buen revuelo a cuenta de cuál era la asociación coral beneficiaria. A este cronista no le quedó clara la confusión, a la que también apuntó el portavoz de Ganemos Colmenar, Carlos García. Pero el secretario se limitó a señalar que se trata de un “error formal sin importancia” y como el debate estaba más en torno a los ortodoxos, el asunto sobre la coral no llegó más lejos.
La posición de los grupos que se oponían a esta cesión estuvo basada, por parte de la izquierda no socialista -Ganemos Colmenear y Más Madrid- en un argumento tan simple como sensato: explíquese qué procedimiento se ha seguido para esta adjudicación de uso y ábrase la posibilidad de que otros participantes se presenten. La posición de Vox tenía en cambio un punto más esotérico, que expresó con firmeza su portavoz Susana Jiménez y que después remachó en una nota de prensa: “Un espacio de culto no puede ser una sala de ensayos, y viceversa”. Afirmación que obligaría, de ser cierta, a todas las iglesias católicas, que son muchas, a alquilar salas de ensayo para sus infinitas actividades culturales y musicales, de modo que no contaminaran el espacio preciso dedicado al culto divino.
La primera teniente de alcalde defendió la pertinencia de la cesión con varios argumentos incomprensibles, pero con uno que tal vez esconde la razón de esta entrega: la comunidad de fieles de esta iglesia en Colmenar alcanza la estimable cifra de 1.600 almas, que sin duda quedarán muy agradecidas a los gobernantes colmenareños.
El alcalde, Carlos Blázquez, cerró el debate con una “homilía” (la calificación es suya) muy en su estilo duro contra todos los que no apoyan sus posiciones. Tras la votación y el breve receso que se produjo, este cronista fue testigo, a la salida del edificio, de la expresión mutua de satisfacción entre el regidor y el sacerdote ortodoxo.
